miércoles, 9 de mayo de 2012

Por Cristina Ramos
El primer día de clases.

Siendo las 7 de la mañana del lunes 16 de enero, toda la comunidad estudiantil ibero se preparaba para enfrentarse al primer día de universidad, para algunos sería la primera vez que caminarían por esos pasillos como alumnos de dicha institución, para otros sería el comienzo de un nuevo ciclo en su vida universitaria. Era poca la gente que se podía ver en los pasillos, ya que muchos suelen entrar a las 9 am. La mayoría de los jóvenes mostraban una cara que reflejaba completo asombro, seguramente eran de nuevo ingreso. Se podía observar a todos con una actitud de desconcertante, ya que no sabían la ubicación de sus respectivos salones.

 Ya pasaban las siete y muchos continuaban prácticamente perdidos entre los múltiples edificios de la universidad. Alrededor de las siete y media, la universidad comenzó a tornarse un tanto silenciosa y por sus pasillos comenzó a circular menor cantidad de gente, la gran mayoría había ubicado su salón y estaba en sus clases. En la mía, el ambiente se tornaba denso y muy silencioso, toda la clase miraba a los demás buscando alguien con quien simpatizar y hablar, mas nadie se atrevía a ser el primero en pronunciar una palabra. El ambiente en el salón se comenzó a sentir más agradable cuando la profesora de ingles empezó a presentarse y a pedir que todos nos presentáramos, todos lo hicimos. Me encontré con muchos poblanos, y unos cuantos foráneos, Tlaxcala, Tabasco y Chiapas eran unos de los lugares de los que provenían. La clase finalizó, el ambiente se tornó mucho más agradable y todos adoptaron una actitud amable.

Al salir del aula el ambiente se sentía totalmente diferente, todo estaba mucho más relajado y la mayoría ya comenzaba a sentirse más familiarizado con el lugar en el que se encontraba. Todos comenzaban a intercambiar las primeras palabras con la demás gente, las amistades comenzaban a surgir.  

Para la segunda clase las cara familiares de la primera hora se reunían y daban pie  a los primeros grupos de amigos. Sucedía lo mismo que la primera hora, el ambiente era pesado, pero al pasar de los minutos se iba convirtiendo en algo agradable y más ameno. Dado que la mayoría era de nuevo ingreso todos empezábamos a conocernos y a formular las preguntas básicas, ¿Cómo te llamas? ¿De donde eres? ¿Que estudias?, cosas como esas, las cuales nos daban la pauta para ir identificando a quienes serían nuestros próximos nuevos amigos. El profesor no era lo que esperábamos, nos imaginamos alguien de pantalón de vestir, camisa, zapatos y una actitud por demás seria. Nos equivocamos. El profesor vestía jeans, una chamarra deportiva, gorra y tenis, su vestimenta demostraba una actitud completamente relajada, mas al momento de hablar pudimos notar que era un hombre completamente diferente, serio, preparado, estricto, divertido, comprometido, etc. En menos  de dos horas nos pudimos dar cuenta de cuan bien preparado estaba y de la facilidad que tenia para dar la clase y los extensos conocimientos que tenía de esta. Cuan equivocados estábamos respecto a él.

Para la tercera clase varios descubrimos que nos tocaba juntos, por lo que ya en pequeños grupos, más que nada parejas nos dispusimos a iniciar la búsqueda de nuestro salón, tardamos un poco pero al fin llegamos a nuestro destino. La curiosidad por conocer a nuestra profesora estaba presente. Minutos después de haber llegado al salón, la profesora hizo su aparición, vestía formalmente y tenía una actitud muy alegre. Al comenzar a presentarse nos dimos cuenta de lo buena, interesante y divertida que era. Desde ese momento supimos que sería de nuestras clases favoritas, ya que a pesar de la buena onda que irradiaba se notaba a simple vista lo preparada que estaba y las ganas e ímpetu que le ponía a sus clases.
Termino esa hora y cada quien siguió su camino, algunos se fueron con los amigos que ya habían hecho a convivir un poco más fuera de clases. El ambiente en los pasillos de la universidad definitivamente había mostrado un gran cambio. Todos demostraban en su rostro alegría, satisfacción, entusiasmo y al mismo tiempo miedo por la incertidumbre de saber lo que pasaría en los próximos meses en lo que su vida universitaria se encuentre en pleno auge.