El primer día de clases.
Siendo las 7 de la mañana
del lunes 16 de enero, toda la comunidad estudiantil ibero se preparaba para
enfrentarse al primer día de universidad, para algunos sería la primera vez que
caminarían por esos pasillos como alumnos de dicha institución, para otros
sería el comienzo de un nuevo ciclo en su vida universitaria. Era poca la gente
que se podía ver en los pasillos, ya que muchos suelen entrar a las 9 am. La
mayoría de los jóvenes mostraban una cara que reflejaba completo asombro, seguramente
eran de nuevo ingreso. Se podía observar a todos con una actitud de
desconcertante, ya que no sabían la ubicación de sus respectivos salones.
Ya pasaban las siete y muchos continuaban prácticamente
perdidos entre los múltiples edificios de la universidad. Alrededor de las
siete y media, la universidad comenzó a tornarse un tanto silenciosa y por sus
pasillos comenzó a circular menor cantidad de gente, la gran mayoría había
ubicado su salón y estaba en sus clases. En la mía, el ambiente se tornaba
denso y muy silencioso, toda la clase miraba a los demás buscando alguien con
quien simpatizar y hablar, mas nadie se atrevía a ser el primero en pronunciar
una palabra. El ambiente en el salón se comenzó a sentir más agradable cuando
la profesora de ingles empezó a presentarse y a pedir que todos nos
presentáramos, todos lo hicimos. Me encontré con muchos poblanos, y unos
cuantos foráneos, Tlaxcala, Tabasco y Chiapas eran unos de los lugares de los
que provenían. La clase finalizó, el ambiente se tornó mucho más agradable y
todos adoptaron una actitud amable.
Al salir del aula el
ambiente se sentía totalmente diferente, todo estaba mucho más relajado y la
mayoría ya comenzaba a sentirse más familiarizado con el lugar en el que se
encontraba. Todos comenzaban a intercambiar las primeras palabras con la demás
gente, las amistades comenzaban a surgir.
Para la segunda clase las
cara familiares de la primera hora se reunían y daban pie a los primeros grupos de amigos. Sucedía lo
mismo que la primera hora, el ambiente era pesado, pero al pasar de los minutos
se iba convirtiendo en algo agradable y más ameno. Dado que la mayoría era de
nuevo ingreso todos empezábamos a conocernos y a formular las preguntas
básicas, ¿Cómo te llamas? ¿De donde eres? ¿Que estudias?, cosas como esas, las
cuales nos daban la pauta para ir
identificando a quienes serían nuestros próximos nuevos amigos. El profesor no
era lo que esperábamos, nos imaginamos alguien de pantalón de vestir, camisa,
zapatos y una actitud por demás seria. Nos equivocamos. El profesor vestía
jeans, una chamarra deportiva, gorra y tenis, su vestimenta demostraba una
actitud completamente relajada, mas al momento de hablar pudimos notar que era
un hombre completamente diferente, serio, preparado, estricto, divertido,
comprometido, etc. En menos de dos horas
nos pudimos dar cuenta de cuan bien preparado estaba y de la facilidad que
tenia para dar la clase y los extensos conocimientos que tenía de esta. Cuan
equivocados estábamos respecto a él.
Para la tercera clase varios
descubrimos que nos tocaba juntos, por lo que ya en pequeños grupos, más que
nada parejas nos dispusimos a iniciar la búsqueda de nuestro salón, tardamos un
poco pero al fin llegamos a nuestro destino. La curiosidad por conocer a
nuestra profesora estaba presente. Minutos después de haber llegado al salón,
la profesora hizo su aparición, vestía formalmente y tenía una actitud muy
alegre. Al comenzar a presentarse nos dimos cuenta de lo buena, interesante y
divertida que era. Desde ese momento supimos que sería de nuestras clases
favoritas, ya que a pesar de la buena onda que irradiaba se notaba a simple
vista lo preparada que estaba y las ganas e ímpetu que le ponía a sus clases.
Termino esa hora y
cada quien siguió su camino, algunos se fueron con los amigos que ya habían
hecho a convivir un poco más fuera de clases. El ambiente en los pasillos de la
universidad definitivamente había mostrado un gran cambio. Todos demostraban en
su rostro alegría, satisfacción, entusiasmo y al mismo tiempo miedo por la incertidumbre
de saber lo que pasaría en los próximos meses en lo que su vida universitaria
se encuentre en pleno auge.
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